Estoy convencido de que, si vamos tan mal como vamos, es por nuestra insistencia en negarnos a aceptar que podemos estar equivocados. Es en nuestra ineptitud para hacer a un lado los prejuicios y las mentiras que aparecen frente a nosotros cada vez que encendemos una pantalla es que se encuentran las respuestas a nuestros problemas. Somos incapaces de juzgar más alla de los preceptos morales y valores sociales que nos imparten a mansalva la iglesia, el capital o los políticos. Somos incapaces de encontrár mas de una verdad.
Somos cómodos, y mucho más ignorantes de lo que pensamos.
Arthur Conan Doyle dijo una vez en el discurso de uno de sus más famosos personajes, que mientras cada individuo puede ser un enigma insoluble, un conjunto de ellos se comporta con exactitud matemática. En la edad de la información, en la que quizá hasta afortunadamente, Doyle nunca llegará a ver el sol nacer, estoy comenzando a creer que su máxima es menos verdad a cada minuto que pasa. Individualmente o en grupos, nos comportamos cada vez más parecido a un montón de ovejas.
Y a una marcha aún mayor a la del avance de la ciencia, o el tiempo que tarda un banco en desplomarse, los medios encuentran más y mejores formas de decirnos como debemos comportarnos, pero sobretodo de indicarnos como hacerlos más ricos y más poderosos, a ellos y a quienes financian toda la asquerosa manipulación de la informacion y de las realidades.
Ahora bien, no tengo ningún problema en que estas personas me digan como me tengo que vestir, después de todo nadie quiere entrar a un lugar y parecer un estúpido. Eso hasta podría agradecerlo. Lo que me fastidia es cuando se meten con mi conciencia. Como susurrandome al oído que es lo que debo apoyar, quien es el ‘malo’ o quien es el ‘bueno’, y hasta por quien debo salir a la calle a votar.
Es tal el efecto del capital y de los medios sobre nosotros, que adoptamos la cultura, las costumbres, y hasta a los líderes de otros países como los nuestros. Ellos mismos describen este proceso como la globalización, pero yo lo veó como la confirmación de que el mundo esta perdiendo su romance, de que estamos perdiendo todo eso que nos hacía tan distintos. Quieren hacernos encajar a todos en su modelo de consumo, lo describen como ‘democracia’, o como ‘libertad’, y pretenden que estemos de acuerdo con administrarlo a todos los rincones del mundo con la punta de un cañón. Lo peor es que se salen con la suya.
Vivo en un país donde a mucha gente le parece que es muy patriota cuando sale a gritar, a cerrar avenidas, a vandalizar edificios, a quemar cauchos y más recientemente, hasta cerros, con un menor conocimiento de las ídeas que defienden que la extensión de sus monosilábicas consignas. Me pregunto si es peór un pueblo apático, que no acude a decidir su futuro, o uno tan cómodo que deja que le digan cual es.
Me es tóxico ver las noticias o leer prensa nacional, por no estar seguro de donde me esconden la mentira. Es indignante que además de las malas noticias que recibimos todos los días, de las atrocidades que vemos, tengamos que cavar profundo para encontrar la verdad. Pero es la realidad en la que vivimos. Tenemos nosotros que empezar a tener como herramientas a los políticos, a la tecnología y a la información, en lugar de ser intrumentos en su juego destructivo.